La Isla Sin Sonrisa

La Isla Sin Sonrisa, es de esos cómics que de buenas a primeras no habría ojeado si no me lo hubieran recomendado. Es de esos cómics que lees y vuelves a leer, completa y totalmente enganchado por el carisma de los personajes, del talento del artista y de mil cosas más que podría enumerar sin parar. Enrique Fernández es increible, sencillamente increible, me resulta muy pero que muy dificil ser objetivo cuando me he enamorado perdidamente de Elianor Mise Yukinde. Cuando el optimismo de esa niñita te atrae como la luz a las luciernagas.

Pero no solo declaro mi amor incondicional a Elianor, sino a cualquier cómic que salga de la mano de Enrique Fermández. Si, lo he descubierto tarde, lo reconozco, muy tarde para mi gusto, pero voy a remediarlo inmediatamente. Y marcaré en mi calendario todas y cada una de las fechas de sus próximos cómics, porque si de algo estoy seguro es que seguirá regalandonos historia hipnóticas, personajes carismáticos, diseños sencillamente adorables y sobretodo cómics que nos haran viajar a lugares maravillosos cada vez que nos sumerjamos en sus páginas.

¿Y de que va La Isla Sin Sonrisa? Os estareis preguntando, pues de algo tan sencillo y tan dificil de explicar como la felicidad, y también del dolor. De la alegría y de la amargura. Me gustaría poder encontrar las palabras que le hicieran justicia, pero no puedo. No puedo por algo tan sencillo como que es una experiencia que no quiero robaros, esta es una experiencia que teneis que vivirla cada uno de vosotros. Y muy probablemente cuando hayais leído el cómic, estareis como yo esperando al siguiente carguero que pase cerca de la isla de Yulkukany para cogerlo y pedir que os dejen en ella. E ir a ver a Elianor y al Principe Yemi que la protege. Y oir sus historias fantásticas sobre los árboles, las piedras, las flores y pájaros que habitan la isla sin sonrisa. Y quizás, solo quizás, podamos reencontrar allí a un sonriente Milander Dean.

Solo sé que este cómic me hace sentir emociones tan intensas como las que siento cuando veo a la mujer que amo. Que me hace llorar de emoción, como lloro cuando siento el tacto de sus dedos y sus brazos cerrandose en un abrazo del que no quiero soltarme. Que las emociones me atenazan el cuello como lo hacen cuando me tengo que separar de ella. Y que me hagan sentir esto no es sencillo, pero con esta obra de Enrique Fernández pasa cada vez que la leo. Cada vez que me sumerjo en sus viñetas, que recorro con Milander, Elianor y el principe Yemi los campos de Yulkukany. Deseando que llegue la noche para reir y bailar con todos los del pueblo y luego al retirarme a dormir tener la taza caliente de la sopa de noche esperandome en mi mesita junto a la cama.

Podría hablar y hablar sin parar, decir mil cosas, pero nada sería tan justo como dar las gracias a dos personas, que hicieron tanto por mi con este cómic. Primero a Enrique Fernández por crear algo tan sencillamente hermoso, fabuloso, tierno, intenso… y la otra persona es un gran amigo como es Chema Mansilla, maravilloso ilustrador, pero aún mucho mejor persona. Muchas gracias Chema por recomendarme la lectura de esta preciosa joya. A los dos, Enrique y Chema, muchísimas gracias por el regalo de este cómic.

Molometro:       10

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