El Lobo Solitario y Su Cachorro

 Samurais. Honor. Legado. Un Padre. Un Hijo. Una senda de venganza. El manga que se abrió camino hasta occidente y se convirtió en obra de culto en los años setenta. Por Carles Torrellas.

Hablar de 子連れ狼 o Kozure Okami o Lone Wolf and Cub o El Lobo Solitario y Su Cachorro, es hablar de uno de esos mangas que han marcado una época. Un clásico moderno. Una obra tan potente que en los lejanos años setenta supo abrirse fronteras y cautivar a todo un público nuevo, allende de las fronteras del Imperio del Sol Naciente. Vamos que la historia es tan pero jodidamente tan buena, que llegó a los Estados Unidos y gente como Frank Miller quedó cautivada por su historia, por su narrativa, por su grafismo, por su crudeza. Y me apostaria mi mano izquierda, que este manga, es en gran parte el culpable del amor que siente el señor Miller por los ninjas y la cultura japonesa en particular.

Kazuo Koike y Goseki Kojima, sus autores. Eran dos completos desconocidos en occidente, como lo era mayoritariamente el manga para todo aquel que no tuviera algún tipo de vínculo con Japón o su cultura. Kazuo Koike es un guionista conocido en Japón por haber escrito entre otras obras guiones para Golgo 13, Crying Freeman, Asa El Ejecutor. Creó la escuela de manga “Gekigason Juku” y del estudio-cooperativa de guionistas Studioship. Entre sus discípulos podemos encontrar a grandes mangakas como Rumiko Takahashi o Tetsuo Hara.

Este manga influenció a grandes creadores occidentales, no solo a Frank Miller, sino también a Max Allan Collins en su Camino a la Perdición, donde notamos la fuerte influencia, o incluso la podemos notar en el Kill Bill de  Quentin Tarantino. Y eso se dice pronto y más de un manga de corte clásico y destinado a un público más adulto.

Es innegable que nos molan los samurais. Nos encanta la estetica japonesa medieval. Como a nuestros padres les molaban las historias de caballeros andantes con sus brillantes armaduras. Algo tiene ese tiempo tan duro que es el medievo, que al ser humano actual atrae como la miel a las moscas. Quizás es la épica de las historias. Quizás sean los valores de honor y caballerosidad que hoy parecen perdidos en una sociedad tan egoísta como la nuestra. Quizás sea el, hasta cierto punto, civilizado salvajismo de la época.  O simplemente sea el olor de la sangre en los aceros. Pero es cierto que cuando una historia ambientada en esa época está bien escrita acaba por convertirse en un éxito.

La obra que tejen magistralmente Kazuo Koike y Goseki Kojima, tiene todos esos ingredientes. Y como buen amante del cine de Kurosawa que soy, no puedo negar que la épica de este manga esta a la altura de grandes obras maestras del séptimo arte como serian Yojimbo, La Fortaleza Escondida o Los Siete Samurais.

Podría hablar sin parar, podría parecer petulante y creído analizando este manga, ensalzándolo por sus cualidades. Podría hablaros de su narrativa visual, del dinamismo de sus combates, de los giros del guión. Pero no lo haré, es algo que tenéis que disfrutar por vosotros mismos, La lectura de este CLÁSICO, si así en mayúsculas, es tan gratificante como la lectura de Watchmen y descubrir sus miles de referencias socioculturales escondidas magistralmente por Moore. Así que no seré yo quien os diga que tenéis que salir cagando leches hacía vuestra librería favorita o la biblioteca de vuestro barrio o ciudad y haceros con los volúmenes de esta obra. Ya estáis tardando en hacerlo, ¿a que esperáis?

Leedlo y disfrutadlo, porque vale y mucho la pena.

MOLOMETRO:   9,7

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